Así fue el laboratorio «Resonar con la ciudad: derivas, indicios, agencias»


Día 1:

Señora siendo arrastrada por su vestido verde largo / Virgen “magnífica” / siete niños jugando / colchones enrollados en el piso / un ciego guiando a otro ciego / perrito que me mira / anciana sentada al borde del puente / sombras de vagones flotando sobre el bosque / hombre cargando estructura de colchón / machete al cinto / hombres ancianos reunidos / calles serpenteantes / mujer con mucho maquillaje agitando un vaso de monedas a la entrada de la iglesia.

9 de marzo, 2022

El laboratorio de creación “Resonar con la ciudad: derivas, indicios, agencias” con la artista Margarita Ariza, empieza por una conversación entre personas extrañas que, acompañadas de sus imágenes familiares, “domestican” – trabajan juntas- los escalofríos en la médula, vacíos en el esternón, alegrías circulares en el estómago, entre otras sensaciones -no conceptos, ni acciones- que les produce estar a la deriva en una ciudad que a veces “nos tira al ruedo” y otras nos pregunta ¿Dónde está el equilibrio?, ¿Dónde el respeto y esa esencia fundadora de convite?, por la que colaboramos con la tierra para hacernos abono de circunstancias nuevas, como la lombriz hace el compost.

O, si se quisiera decir distinto, este espacio de taller abre con una puesta en común de los Atlas personales, entendidos como poemas visuales por los que cada quien se ha hecho a una singular forma de saber y a un sistema de relaciones que le permiten dar sentido a los eventos de su vida; para luego reflexionar conceptos como dispositivo, máquina, consenso y disenso, que en autores como Deleuze y Rancière toman condiciones verbales como “posibilitar”, “desmantelar”, “penetrar”, “derribar”, inscribiendo en el asunto estético dilemas éticos y políticos, que privilegian el poder de las prácticas artísticas para navegar y resistir las aguas del control. Invitando a los participantes a ir a la experiencia de la deriva psicogeográfica con el cuerpo, escuchando las solicitaciones del terreno y dándose a los encuentros a través de un ejercicio de fe, no ignorando el riesgo de dirigirse por primera vez a sitios dónde nunca se ha estado. Todo para terminar el día con gratitud, celebrando el movimiento solidario de cooperación que nos recuerda nuestra participación en el estado de las cosas: respiramos juntos.



Día 2:

10 de marzo, 2022

  • Una de las imágenes del Atlas; la sensación de la deriva localizada en el cuerpo;
    una palabra extraída de la redacción; y la tormenta de arena.
    Y entre esos tubérculos, raíces extendiéndose, por las que perderse, parece que también
    por las que salvarse.
  • ¿Tormenta de arena?
    Pregunta Mario porque no alcanzó a ver la película de Francis Alÿs.
    Sí, la tormenta de arena en la que cada uno entra, lo inquietante, el “extraño familiar” que
    estamos empezando a domesticar, para habitar ahí.
  • Vamos a acabar comenzando. No hay cómo devolverse, ya hicimos esto.
    El fin de este taller es el principio.
  • ¿Gusta cooperar?

Del pintor, artista, Francis Alÿs, dicen que madura su plan caminando, de repente dice “ya
vuelvo”, sale a caminar, y cuando regresa tiene el plan listo. Caminar como otra manera
material tangible de relacionarse. Tal vez viendo a un hombre que pasea su derrota en la
vida como si fuera una insignia, o percibiendo en el blues de los emboladores de zapatos
una matemática, no para integrar la regla sino para entender la lógica. Cooperando con
“eventos que duran un día y perduran quien sabe cuánto tiempo”.


Después de ver esta película (Wide Details: on the traces of Francis Alÿs), compartimos
las redacciones de la deriva y Margarita habla de la cartografía rizomática. Rápidamente
decide que podemos cambiar la palabra rizoma por tubérculo, para imaginar un método
por el que el pensamiento no está obligado a volver sobre algún tallo central, derivando
lógicamente hacia un lugar específico, sino que crece desterritorializado a través de
conexiones entre cosas heterogéneas y líneas de fuga que le permiten a uno hacerse a
una vida propia en medio de circunstancias culturales, políticas, económicas, con voluntad
de determinación. Imaginar un pensamiento así indeterminado, que dé lugar a
“agenciamientos”, aumentos de dimensión, cambios de naturaleza por la multiplicidad de
los vínculos, una misma playa que ahora nos reúne a todos: individuos, grupos,
acontecimientos vividos, conceptos históricos…; ahora vecinos, colaborando,
acostumbrando a la naturaleza salvaje de la tormenta a nuestra compañía amigable y
amorosa.


Por: Danaela Argüelles